Esta semana hablamos con el Club del Disco de Vallekas, una iniciativa vecinal en la que compartir música, difundir la cultura, encontrarse con los vecinos y hacer red en el barrio es una misma cosa. Nos acompañan en el estudio Belén, Julio y Paulo.
En tiempos en los que la batalla cultural está, como mínimo, descompensadamente escorada a la derecha, son necesarias todas las reivindicaciones posibles de la cultura popular como emblemas de la clase obrera. Sí, hacemos apología de lo colectivo y lo autogestionado.
Esto que escribimos con palabras pomposas, lo simplifica enormemente el Club del Disco de Vallekas. La movida es muy simple: se trata de quedar físicamente, entre vecinos y colegas, escuchar música, aprender, intercambiar y compartir un rato tejiendo barrio. Algo tan aparentemente sencillo, en 2026, en la era de la hiperdigitalización, de la hipercomunicación que nos incomunica, en la era de la instantaneidad, de los reels, de los shorts y la madre de Dios, en un momento en el que el individualismo impregna absolutamente cada cosa que hacemos, en el año 7 de la presidencia de Ayuso en la Comunidad de Madrid… algo tan sencillo como “quedar y hablar” acaba siendo un acto subversivo. Verse físicamente, en colectivo y hablar. Y lo de poner un disco entero y darle la vuelta para cambiar de cara ya ni os contamos. ¡La llama de la revolución! ¡¡Ni un paso atrás!!
Tenemos claro que un club del disco es un contubernio vecinal que incita a la charlota, a soltar la sinhueso, a desvencijarse las cervicales, a quemar suela, a desgastar cadera, a mojar el gaznate con las tronquers hasta dejar la caja de tercios tiritando, a soltar perlas y partirse la caja, a rajar de lo lindo con peña que acabas de conocer, a darle al repeat y poner el volumen al 11 hasta que crujan los cimientos, que reviente el equipo y seguir moviendo el skeletor hasta echar los restos y, como no, cuando estás a puntito del esguince de oreja y las bisagras ya no responden, acabar difamando a las autoridades competentes y a las incompetentes y después seguir con las injurias a las instituciones, a las humanas y a las divinas. Y esto no podemos ocultarlo: nos encanta.
Porque cada rodaja de vinilo que se pincha es un acto subversivo. Como que estás echando la tarde sin generar pingües beneficios a ninguna franquicia de restauración ni se paga tributo municipal ninguno. Claro, como que ya se han gastado todo el dinero en vinilos.
Así que merece la pena que ahondemos un poco en este fenómeno de “clubes del disco” que tuvo su semilla original en el Club del Disco de Hortaleza y que luego dio paso al de Vallekas y ahora al de Arganzuela, mencionando solo los de los barrios de Madrid. Mientras tanto también han nacido en Ourense, en Badalona, A Coruña, Ciudad Real, Burgos, Pontevedra… que nosotros sepamos.
Belén, Julio y Paulo nos hablan de las dinámicas del Club del Disco de Vallekas, un colectivo formado por un centenar de personas que se reúnen cada 15 días y que ya han celebrado 20 sesiones comentadas en el local de El Espacio, en la C/ Sierra Carbonera cerca del Puente Vallekas, por las que han pasado pinchadas de Stone Roses, Bambino, Antimums, Jimmy Hendrix, Los Negativos y la cumbia psicodélica peruana de los '60 recopilada en The Roots of Chicha, entre otros.
Estos discos giran contra el fascismo, dejando claro que lo que es basura para el mercado es un tesoro para nuestra clase. Y el Club del Disco de Vallekas lo es.
Tracklist:
Descarga Barrio Canino vol.324
Club del Disco de Vallekas: musicote vecinal, cultura, activismo y barrio
ALTA CALIDAD - Barrio Canino vol.324 - 246.1 MB
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